Las 10 virtudes de Colombia para clasificar al Mundial
En alguna ocasión, el escritor Albert Camus sentenció: “La Patria es la selección nacional de fútbol”. Su frase cobra vigencia a esta hora, cuando millones de colombianos experimentan un verdadero éxtasis porque el país estará en el Mundial de Fútbol Brasil 2014. Los abrazos de felicidad de los jugadores en la grama del estadio Metropolitano de Barranquilla se extendieron desde La Guajira hasta Amazonas y desde Chocó hasta Guainía. No hay un municipio del país en donde este viernes histórico el tricolor –simbolizado en una camiseta– no se haya exhibido con el mayor orgullo.Ha habido un paréntesis casi de realismo mágico por este logro. Por ejemplo, las delegaciones del Gobierno y las FARC que negocian unproceso de paz en La Habana hicieron una pausa en las conversaciones y se concentraron, cada una por su lado, para hacer fuerza por un mismo objetivo: clasificar al Mundial. Se trata del triunfo deportivo más democrático y pluralista de una nación. Todas las clases sociales lo celebran. No hubo diferencias étnicas en el apoyo a un equipo que simboliza la conquista de un propósito en el que hubo participación de todas las regiones y colores: blancos, mulatos, negros. Pero la clasificación no se obtuvo solo en esta jornada ante Chile (3-3), sino que es la suma de diez virtudes que Semana.com presenta a continuación:
1. El fútbol se juega con la cabeza
A esta Selección perfectamente se le podría aplicar ISO 9000 después del empate 3-3 ante Chile y saldría bien librada. En efecto, el equipo es eso: un equipo en el que todos sus componentes buscan asegurar la calidad del producto y de manera consistente incrementar la eficiencia de la organización en el logro de sus objetivos. No sólo es lo que los aficionados ven en los partidos, sino el trabajo previo: todos los jugadores legan temprano a las citas de concentración y a los entrenamientos. Se acuestan a dormir a la hora que se lo exigen sus preparadores físicos. Cada uno cumple la función que se le reclama. Ninguno desentona como en el pasado ocurría cuando había magníficos jugadores físicamente, pero irresponsables en su comportamiento y por eso eran frecuentes los casos en que después del encuentro terminaban en grescas en los bares o se volaban de las concentraciones. Hubo un cambio de mentalidad drástico en el que José Pékerman influyó mucho: Los jugadores dicen que fue esencial el liderazgo del técnico. El los motivó y los mentalizó para ganar. Los futbolistas se creyeron el cuento de que en Colombia es posible trabajar en un propósito común y de manera seria y disciplinada. Algo que no había pasado en los procesos anteriores (léase ‘Chiqui’ García, Francisco Maturana, Reinaldo Rueda, Eduardo Lara, ‘Bolillo’ Gómez y Leonel Álvarez).
El liderazgo y la seriedad impuesta por el técnico argentino fueron determinantes para la clasificación. Llegó en momentos en que Colombia vivía un candente debate nacional por la salida de Hernán Darío ‘El Bolillo’ Gómez, quien había golpeado a una mujer. Y Pékerman entró con tanto respeto, que en muy breve tiempo logró calmar las aguas. Hubo un episodio en la eliminatoria que retrata su personalidad. Cuando viajó a Chile a enfrentar a los entonces líderes de la eliminatoria y rompió su silencio, pero no para hablar de él sino de su colega Claudio Borghi: “Es un señor, jugaba de manera exquisita, es muy buena persona y un ejemplo a seguir. Un caballero del fútbol”. Los periodistas australes alabaron su decencia. Jugó el partido y ganó en Santiago (1-3), un hecho que no ocurría desde hacía 12 años. Y se fue aplaudido porque todos coincidían en que el caballero era Pékerman. La presencia de un técnico extranjero –que no ocurría desde cuando Bilardo dirigió a la selección para la eliminatoria de España 82– fue una decisión clave que se valorizó aún más al haber escogido a una persona tan decente.
3. Barranquilla, la casa de la selección
Colombia fue el mejor local de la eliminatoria. Aunque perdió puntos cuando estaba Leonel Álvarez, el estadio Metropolitano se convirtió en un talismán de la selección bajo la dirección de Pékerman. El equipo se hizo fuerte al encadenar victoria tras victoria, lo que le permitió sumar un saldo tan alto a favor en La Arenosa, que la clasificó al Mundial. ¿Por qué? La explicación más etérea pero cierta es la buena energía. Los jugadores se sentían bien, la gente los acompañaba, la mancha amarilla en las tribunas siempre vibraba hasta en los momentos más inciertos, como en el juego ante Ecuador, cuando cayó un torrencial aguacero, se fue la luz, la cancha se inundó, la gente festejaba por el convencimiento de que se iba a ganar, y así fue.
4. jugador número 12
“Sí se puede, sí se puede”. En un país tan rico en literatura y en música, es una paradoja que los aficionados acudan a los estadios con frases tan simples. Esta fue la frase de un grupo de optimistas que acudió al estadio Metropolitano en un momento realmente complicado. El cuento es el siguiente: La era Pékerman empezó oficialmente contra Perú en Lima, en un encuentro feo, cerrado, con fallas colectivas, pero un gol solitario de James Rodríguez disimuló las falencias. Cuatro días después, nada logró salvar a la selección en Quito. Con el mismo estilo enredado cayó contra Ecuador, un rival directo. Un desastre, pues Colombia no gustaba ni sumaba y aparecieron los sonoros linchamientos mediáticos al responsable, el técnico Pékerman. Francisco Maturana dijo de él: “Desprecia el balón, no tiene clara la manera de conseguir algo”. Iván Mejía escribió que era “la peor selección de Colombia de los últimos tiempos”. Los más atrevidos criticaron su discreción, que consideraron la muestra de que era “caprichoso, autista, distante”. Incluso lo acusaron de poner el equipo al servicio de intereses privados al convocar deportistas representados por su yerno sólo para inflar su valor comercial. Pero el 7 de septiembre del 2012, esa hinchada que llegó al estadio empezó a gritar: “Sí se puede, sí se puede”. El coro se extendió por el Metropolitano y los aficionados vieron a su selección aplastar a Uruguay, campeón de América, que llevaba 18 encuentros sin perder. A los cuatro días Pékerman y repitió el milagro, al remontar contra Chile en el Monumental de Santiago. Desde entonces la afición acude en masa al estadio. Al extremo de que en este partido contra Chile se pagaron boletas revendidas a un millón y medio de pesos. Eso sí, con tanta alegría, ya es hora de que los aficionados cambien de estribillos para apoyar al equipo.
5. El mundo es más grande que nuestro barrio
A mediados de los años 80, el técnico Luis Alfonso Marroquín impuso una orden estricta a los jugadores colombianos: cuando salgan a las canchas, no busquen a Diego Armando Maradona para tomarse fotos con él. Antes de Marroquín, los futbolistas eran bastante provincianos y su complejo de inferioridad era enorme. Eso se acabó de tajo con esta selección de Pékerman. Se trata de una generación excepcional que brilla en las mejores ligas. Falcao, James, Zúñiga, Jackson y compañía acaparan los titulares de la prensa deportiva cada fin de semana. Parte del éxito se explica por la internacionalización de los colombianos. Mientras en 1990 apenas el 2 % de la selección jugaba por fuera, hoy menos del 20 % lo hace en la liga nacional. Lejos de Colombia se acostumbran a la presión, practican un deporte más técnico, enfrentan rivales de talla mundial, son deportistas del altísimo rendimiento.
6. El respeto a un proceso
La consecución del tiquete para ir al Mundial de Brasil es el premio a la paciencia. Se ha respetado un proceso, un trabajo de largo aliento que se inició desde cuando los jugadores de la selección eran apenas unos niños. La base del equipo que clasificó jugó en la selección Sub-20 que ganó el Campeonato Suramericano del 2005: Ospina, Valdez, Zúñiga, Valencia, Aguilar y Falcao. En el banco, Guarín y Zapata también pertenecieron a esa generación formada por Eduardo Lara y Reinaldo Rueda. Estos niños crecieron y hoy sobre sus hombros está la responsabilidad de defender a la selección de mayores. La virtud de José Pékerman es haberle dado continuidad a este proceso. Él sabe del valor de los jóvenes. La mayor parte de su carrera adiestró juveniles en Argentina y él les saca su mayor provecho.
7. El equipo es un equipo
No es un juego de palabras. Es un hecho muy simple, pero que por fin cobra realidad en todo su esplendor. Muchos colombianos recuerdan a Emilio Vilarete cuando en un partido en el Maracaná tomó la pelota y se sentó en ella porque íbamos perdiendo 6-0 ante Brasil. ¿Habrá habido jugador tan talentoso y a la vez tan egoísta como Faustino Asprilla? Son ejemplos de un pasado en que los jugadores de la selección actuaban cada uno por su lado. Muy a la colombiana. Sin un propósito común. Este equipo vive como tal. La solidaridad entre todos es abrumadora. Es ejemplar. Eso queda claro en un video motivacional de Pékerman donde dice: “Podés elegir correr solo y trabajar en equipo. Ir solo es más fácil, no tenés que ponerte de acuerdo con nadie. En equipo es a otro precio, antes de empezar a competir le tenés que ganar al ego más grande de todos, el tuyo. Tenés que entender que no sólo está bien como vos lo hacés, que hay otros caminos. Que para ser escuchado, primero tenés que haber oído. Que para recibir un aplauso, tenés que estar golpeando tus propias palmas. Si no sabés hacer algo, te van a gritar; si estás atrás, te van a empujar, y si ganás, te van a apretar tan fuerte, que vas a querer llorar. Porque cuando se juega en equipo, se celebra en equipo”.
8. La suerte
El fútbol es un juego y como tal la suerte no es un asunto marginal. Y ha estado del lado de Colombia. Contra Perú, en Lima (2012) el local perdió siete jugadores por lesiones. Contra Chile, en Santiago, una exagerada expulsión de Gary Medel le abrió la puerta a James Rodríguez para que empatara el encuentro. La roja se derrumbó anímicamente ante esta circunstancia, lo que fue aprovechado por los colombianos para hacerles dos goles más. Frente a Argentina, en Buenos Aires, Lionel Messi estuvo sólo media parte porque una lesión le impedía jugar a plenitud. Y ante Ecuador llegó lo que faltaba. El equipo de Reinaldo Rueda dominaba el encuentro con un jugador menos pero con más entusiasmo. El 1-0 se hacía corto. El equipo de Pékerman estaba nervioso. Y de pronto, pena máxima a favor del visitante. El cobrador la tiró no afuera, sino a metros de la portería. Los colombianos, gracias a la suerte, celebraron el apretado triunfo, pero triunfo al fin y al cabo.
9. La madurez y el talento
Más de la mitad de la nómina de la selección formó parte del suramericano sub-20 de Colombia 2005 que quedó campeón. Inclusive algunos jugaron el Mundial Sub-17 de Emiratos Árabes Unidos 2003, donde quedaron en cuarto lugar. La mejor participación de Colombia en los Mundiales de la FIFA. Para Brasil el promedio será entre 25-30 años. Es una edad ideal en la que los jugadores han alcanzado su madurez, que mezclan con un talento natural fantástico. En general tienen un biotipo extraordinario, son rapidísimos a la hora de resolver situaciones adversas y tienen una capacidad resolutiva inmensa. “Son jugadores que se han adaptado mejor a las exigencias del fútbol europeo y ya veremos en qué lugar los pone el próximo Mundial, porque la sensación es la de que aún esta Selección no han tocado techo”, pronostica optimista el campeón del mundo Jorge Valdano.
10. ¡Qué buena gente!
Además de jugar al fútbol, ¿qué tienen en común David Ospina, Stefan Medina, Mario Alberto Yepes, James Rodríguez, Falcao García, Jackson Martínez? “Son unos muchachos extraordinarios, son buenas personas”, dice José Néstor Pékerman. Y ese aspecto es fundamental a la hora de hacer un equipo para cumplir un objetivo común. Todos tienen unos valores sólidos, una personalidad sencilla, son muy de sus familias, simbolizan lo mejor de los valores de Colombia. Incluso, el en ocasiones díscolo Teófilo Gutiérrez, cuando es convocado, brilla por su obediencia. Falcao presta su imagen para que los conductores aprendan a respetar las señales de tránsito; James Rodríguez escribe cartas para que los aficionados vivan el fútbol en paz; David Ospina insiste en que lo mejor de la vida es el cariño y la alegría. Juan Guillermo Cuadrado, por ejemplo, ahora es una figura estelar del sofisticado club de la Fiorentina. Invirtió parte de sus ganancias en una fábrica de jeans para darle empleo a la gente de la martirizada Urabá, en donde él se inició en el Atlético Urabá. ¿Por qué invertir en esa zona? Se le pregunta a este muchacho que vio de cerca la violencia que desgarra el país. “Porque allá me enseñaron lo más importante: a ser buena gente”. Por todas estas virtudes, estos muchachos tienen hoy viviendo a Colombia en uno de sus momentos de mayor felicidad.
http://www.semana.com/deportes/articulo/colombia-clasifica-al-mundial-brasil-2014/360566-3

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